(suspiro)
Mi primer pichi matawe costó mucho para que saliera, lo hice y lo deshice para que resultara casi-casi casi como de ensueños, pero salió chiquito y sutil. la Señora Dominga que es la encargada de enseñarnos esta singular técnica de céramica mapuche, es autóctona de Roble Huacho y ella es la colaboradora oficial de la profe de artes y además es quien nos provee de la arcilla necesaria para el trabajo. La mística no está de lado con ella, algo tienen sus manos que hace que ese misterioso barro tome formas significativas y cautas, como las que intenté plasmar.
Un calor extraño impregnado en la obra, una sensación que pocas veces he percibido en algo netamente natural. Me sorprente, vaya que sí.
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